domingo, 7 de agosto de 2016

Tengo Miedo

Abro los ojos, sé que he tenido pesadillas, vuelve el vértigo. Estoy despertando en Argentina, Buenos Aires, Capital Federal, en un barrio rodeado de arbolitos de grandes raíces que se trenzan y serpentean durante metros confluyendo en un tronco que eleva tímidamente sus ramas, que aunque robustas, se empeñan en crecer cerca del suelo, como si quisieran tocarnos, sentirnos, quizá alguien intuyó que en este barrio viene a vivir gente que necesita abrazos.

Y sí, estoy en Argentina, a diez mil kilómetros de darle un beso a mi madre, a cero kilómetros de la incertidumbre, tengo miedo. Tengo miedo como cuando me fui de casa de mis padres y me supe responsable de mi vida, como cuando abandoné mi ciudad natal, mi trabajo fijo y mi tarjeta de salud privada. Tengo miedo como antes de subirme a ese avión que había protagonizado mis pesadillas durante años y al que me entregué sobrevolando el océano por más de trece horas. ¡Cuánto martirio cabe en un cuerpo, cuántas veces maltraté mi mente imaginando catástrofes! Sí, estoy en Argentina, no sé qué hago aquí, la gente como yo no toma vuelos transoceánicos ni abandona trabajos fijos. Quisiera estar en Alicante, a cero kilómetros de mi madre, a diez mil del llanto, quisiera estar allí en mi cama, acurrucada bajo una sábana, con las puertas y las ventanas cerradas, a oscuras, apretando los puños, arrugando los párpados...contaré hasta tres.

Tres. Abro los ojos, sé que he tenido pesadillas, vuelve el vértigo. Estoy despertando en Argentina, Buenos Aires, Capital Federal. Tengo miedo, tengo mucho miedo, voy a bajar a abrazar a esos árboles, si es que para eso los pusieron. Dicen que el cuerpo humano es muy sabio y actúa sin consultarnos, yo sé que el mio lo hace. A veces pienso que mis piernas caminan solas, mis dedos teclean independientes de mí y compran billetes hacia países lejanos, sé que fueron ellos porque yo no lo haría, me daría mucho miedo, porque la gente como yo no vive, almacena latidos debajo de una sábana. Me siento confusa

Últimamente me miro más al espejo, estoy preciosa, necesito verme preciosa, aunque sé que estoy cambiando, eso no importa, le he tenido miedo a tantas cosas que creo que ya las temí todas. Mamá, volveré a estar a cero kilómetros de ti, pero antes espérame que estoy celebrando algo, derrumbada, impotente, totalmente exhausta y agotada de tener tanto miedo, por fin ya solo me quedó miedo de seguir teniendo miedo

lunes, 31 de agosto de 2015

EL AMOR NO ES LO PRIMERO

Voy a hacer algo raro, voy a desdecirme del título en la primera frase, el amor sí es lo primero. Os he puesto una trampa en la que yo también caería, y es que, cuando nos dicen la palabra "amor" siempre se nos viene a la cabeza la más suculenta de las acepciones.

La palabra "amor" se nos sitúa en la mente ligada al concepto de amor romántico, y no me extraña que eso ocurra. La mayoría de las personas cuando encuentran pareja dejan en un segundo plano a personas o actividades que les acompañarán a lo largo de su vida con mucho más margen  de garantía y autenticidad. Sin embargo, le damos más valor al amor romántico, aunque pueda que desaparezca para siempre en un año o en media hora, puede que esa persona, en cuanto se le pase la borrachera de magia nos desprecie, olvide o ignore y ya no forme jamás parte de nuestra vida, esos posibles futuros extraños, o peor aún, el amor romántico en proceso, que está llegando o que quizá no cuaje.


Preferimos gastar nuestra energía en personas semidesconocidas y le damos lo mejor de nosotros, nos reinventamos para ellos solo por un posible futuro saco de esa magia, somos yonkis de esa magia. De la misma manera que un drogadicto metería la mano en el bolso de su madre para conseguir lo que quiere, nosotros le robamos tiempo de nuestra compañía a nuestros familiares, amigos o mascotas. Y solo nos damos cuenta cuando llegan las doce y ese mago o maga pasan a convertirse en ese extraño o extraña. No los juzguemos, solo son drogadictos, como nosotros, pero sopesemos y reflexionemos: El día que no le des de esa droga cambiará de camello y quizá ni te salude cuando te vea. Por eso suelo decir que no conocemos de verdad a alguien hasta que la relación se acaba. Es entonces cuando, con el corazón destrozado y la mirada de cadáver, recibimos el abrazo de un familiar o amigo y pensamos para adentro: "¿Por qué no te regalé mi tiempo a ti?"


Ayer vi que se anunciaba un recital de poemas que dará un escritor que me gusta mucho, pensé en ir, y sin querer caí en la trampa de la que os hablaba al principio. Mi primer impulso fue pensar que esta actividad encaja perfectamente de la mano de un mago o posible futuro extraño. De repente, me acordé de una amiga que siempre me llama y me propone planes, y pensé en mi posible futura cara de cadáver, y en ese posible futuro abrazo que me dé y que me haría pensar: "¿Por qué no te regalé mi tiempo?" Y la verdad, no quiero esperar a que eso ocurra. Mi tiempo es ahora, llena de vida, feliz para vosotros familiares y amigos. Os regalo mi tiempo, entera y de una pieza. No puedo ignorar la belleza del mundo que me rodea.

Y ahora vuelvo a desdecir lo anterior y reafirmarme  en mi título. El amor, ese amor en el que estáis pensando, no es lo primero.

lunes, 19 de enero de 2015

La Involución del Machista


Los machistas ya no son lo que eran, creíamos que con la incorporación de la mujer al mercado laboral estos acabarían por extinguirse, pero nada más lejos de nuestros deseos. Los machistas, a lo largo del siglo XX y ya asentados en el siglo XXI, han estado sufriendo una especie de mutación cultural para ir a convertirse en algo mucho peor, porque los machistas, que siempre han tenido muy buen ojo para los negocios, ni siquiera han llegado a identificar a la mujer trabajadora como un enemigo, los susodichos…¡Han encontrado la oportunidad de su vida!

Centrémonos en la mujer de los años cincuenta. Una mujer se casaba con un machista y, quieras que no, ya sabía lo que le esperaba, que a las malas decía: "Pues bueno, cuando termine de limpiar la casa cotilleo con las vecinas, leo…" O incluso si el tipejo le causaba la suficiente repulsión aprovechaba cuando se fuera por ahí con la querida, o con su tribu de whiskys y le daba tiempo hasta a echarse un amante. Es decir, los machistas de antes te daban tu tiempo libre, tenían ese detalle los chiquitos, no les vamos a quitar el mérito. Un machista de antes iba de frente, te decía: "Vas a fregar tú" (El conocimiento es un grado) Que tú en el fondo pensabas: "Qué putada…Y quién me manda a mí nacer a principios del siglo XX" Pero joder, la desilusión era algo que la mujer de antes no experimentaba.

Los machistas de ahora, perdonadme la expresión, SOIS UNOS MIERDAS. Claro que queréis que la mujer trabaje ¡Fuera y dentro de casa! ¡Vaya chollo! Si de pequeña me hubiera dicho mi madre: "Un machista del siglo XXI es una persona que vive acompañado de otra que le limpia la casa, le cocina, le da amor y le genera ingresos" Yo os prometo que le hubiera dicho a mi madre: "Mamá, de mayor quiero ser machista" Lo malo es que si tienes vagina que seas machista no te hace estar en su equipo, por esta razón, no hay nada en el mundo más absurdo que una mujer machista, es como un negro que adore al Ku Klux Clan, cualquier persona le diría: "Oye, pero qué haces, que esta gente cree que es superior a ti y te desprecia" ¿A que os parece de locos? Sin embargo, el machismo está tan arraigado y aceptado en la sociedad que ni siquiera las personas que lo sufren son capaces de detectar la injusticia y rebelarse. Una mujer machista la mayoría de las veces no sabe que lo es, las desigualdades por lo general están íntimamente relacionadas con la ignorancia, otro día hablaremos de la mujer machista, que también tiene miga la historia.

Volvamos al machista actual, ese gran "silencio a gritos" y, los denomino así porque los tipos en cuestión se han dado cuenta de que la palabra "machista" en el mercado de lo social está a la baja, por eso pocas veces escucharás a un machista del siglo XXI declararse a sí mismo como tal y han tomado solo la parte de la igualdad de género que les venía bien: "Que pague ella, o a las malas, a las malas…a medias y que trabaje y pague la mitad de los gastos. ¡Veis, no soy machista! Pero les falta siempre escribir la letra pequeña, esa con la que siempre nos engañan para vendernos algo, y es que el subtexto dice: "No soy machista, todo a medias, pero hasta ahí puedo leer!"

Por lo tanto, lo siento por aquellos que con tanto esmero han intentado evadir implicarse por todos los medios con el término. Por si acaso todavía crees que no eres un machista pongo a tu disposición la definición de la RAE

Machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres

Si todavía sigues pensando que no eres machista por problemas conceptuales, que todos tenemos alguno de vez en cuando, pongo igualmente a tu disposición la definición de prepotencia de la RAE

Prepotencia: Que abusa de su poder o hace alarde de él

Estas definiciones relacionadas entre sí ya dan qué pensar, ya que dan por hecho que el hombre parte de un poder del que abusar, pero el tema RAE y machismo en el lenguaje creo que es gran merecedor de un artículo específico y particular, lo dejaremos también aparcado de momento. Aclarados los términos, si te sigue sin sonar todo esto, no tengo problema en aclararte varios puntos estrechamente vinculados al machismo. Para ello, antes que nada, me gustaría hacer hincapié en que debemos prestar especial atención a esta nueva generación de machistas, ya que estos intentarán maquillar sus comportamientos socialmente "no aceptados" y es difícil atajar los problemas cuando no se ven venir

Actitudes machistas:

-La actitud machista por antonomasia y que lamentablemente más se repite es ridiculizar cuando una mujer públicamente denuncia la existencia de un acontecimiento machista, sobre todo poniendo cara de "otra vez con lo mismo". Pues sí, otra vez con lo mismo, mientras el mundo siga otra vez con lo mismo, bajo la tiranía del patriarcado

-No dejar intervenir en una conversación a una mujer haciendo el vacío, o si llega a hacerlo no dar importancia a sus palabras bajo la idea preconcebida de que su opinión no tiene peso o no es digna de tener en cuenta, o simplemente porque en el fondo piensa que el punto de vista del hombre es más válido 

-Condenar la promiscuidad de una mujer frente al elogio de la del hombre

-Tener trato distinto con una mujer por el hecho de que tenga pareja, como si hubiera pasado a ser pertenencia de un hombre y consecuentemente tuviera que ser anulada su existencia por el gremio masculino. Este comportamiento en ocasiones es asimilado bajo el velo del concepto de lo que llaman "respeto". Que no te engañen, una persona que se respeta a sí misma y a su cónyuge cree, desea, respeta y motiva el éxito social y la integración de su pareja con su entorno

-En una discusión, o ante una problemática, avasallar a la mujer cortando sus frases, elevando el tono o despreciando sus argumentos. Esta circunstancia se agrava particularmente si se da en público, ya que finalmente la mujer acabará sintiéndose humillada y puede dañar mucho su autoestima

 Estos solo son algunos ejemplos de actitudes machistas actuales que pasamos por alto por su falta de definición en la ejecución, ya que en el reclamo siempre se puede acudir a excusas baratas que les permiten salir del paso, pero que las que las sufrimos sabemos de sobra que no son comportamientos fortuitos, sino que responden a una hegemonía masculina asimilada desde hace años en la sociedad. Aunque haya habido muchos cambios, todavía nos queda camino por recorrer y es nuestro deber como seres humanos exterminar el yugo de la desigualdad de género

La involución del machista es la burla a la tolerancia, es "su gran negocio". No te dicen abiertamente que eres tú la que va a seguir llevando la carga de las tareas domésticas, simplemente crean el clima propicio para ello adoptando conductas irresponsables que acorralen a la mujer. El mensaje que nos quieren dar es: "Trabaja, genera como mujer del siglo XXI que eres, pero ni se te ocurra ser promiscua, ni replicar, ni mucho menos soltarme el discursito feminista porque si me preguntan en público seré políticamente correcto, pero la realidad es que en cuanto te saltes las normas entrarás en un camuflado conflicto". 


Las actitudes machistas en la actualidad están en todas partes, solapadas, cobijadas por la ambigüedad. Ahora las mujeres pueden trabajar, intervienen en política y ocupan algunos altos cargos, pero seguimos sin ser libres, sin ser vistas, juzgadas bajo otras leyes, seguiremos siendo sacos de hormonas a los que señalar con el dedo cada vez que reclamemos nuestro lugar. Lo siento, machista en involución, aquí una servidora te ve de lejos

lunes, 15 de septiembre de 2014

Minutos

Con la voz laminada, con la moral minada,
labor airada, calor de nada, frío de todo y todo se para.
Se pararon tus besos y mi higiene mental
y digieres mi orgullo, y tu pecho es metal.

No tendrás amor, pero tendrás...
Tendrás palabras...
Y mastiqué el oxígeno
para engañar a las ganas

¿Dónde están las máquinas de alegría que ya no fabrican días?
Te juro que antes había, como existían los gigantes...
Te juro que antes había, como tu sonrisa y la mía,
y aquél instante extremo que anuló el futuro y su desastre

Quizá estén equivocados,
asustados con sus planes
y nuestros minutos locos
valgan más que sus vidas ejemplares

Ahora puedo imaginarte, tu tacto hundido en mi carne
Tus ojos me escucharon, tu voz quiere mirarme
y te siento tanto, tanto, y todo, imaginé los modos
lloro y vuelves a esfumarte

Y vuelvo a estar loca, y vuelves a estar loco
Y los minutos vuelven a ser días, todos pedían planes
Te juro que antes había...Ya no puedo imaginarte
Y solo siento...Tu ausencia

viernes, 6 de diciembre de 2013

No Tengas Crew, Ten Amigos

Todavía recuerdo cuánto me costó descifrar aquellas palabras clave que repetían incesantemente en las cintas de cassette que conseguí cuando la cultura hiphop aún me era ajena.

Por aquél entonces nadie que yo conociera tenía internet, por eso palabras como por ejemplo "crew" las descubrí más por intuición que otra cosa. Casi veinte años han pasado desde aquella encrucijada de términos y hoy me ha apetecido jugar a ver qué pasaría si hoy volviera a empezar con los medios actuales. He buscado la palabra "crew" ( también conocida como posse o gang) y ciertamente era lo que yo me esperaba: Grupo de personas que desarrollan una actividad en común en un ámbito de libertad de expresión y se dan trato de hermandad…Patatín, patatán…

La verdad, leído así, suena bien, sin embargo mucho me temo que nadie está más lejos de ser libre que alguien que pertenece a una "crew". De hecho, si observamos detenidamente las pautas de comportamiento de un integrante de una "crew" nos sorprendería descubrir que tiene más semejanzas nacionalistas que de hermandad y veréis claramente, si sois libres, que no exagero en absoluto.

Hablamos de personas que necesitan ponerle nombre a una amistad, buscar un escudo, símbolo que venerar y publicitar. Reclutan personas afines o susceptibles de serlo por admiración, soledad o simplemente por la ilusión de sentir que pertenecen a algo. Los reclutas, que se sienten privilegiados de estar en contacto con gente antes inaccesible, pronto entrarán en el juego de la burla hacia lo diferente, heredarán enemigos y sufrirán sin ni siquiera darse cuenta la lacra del prejuicio.

Una "crew" establece límites, fronteras, estás dentro o estás fuera. Te resultará difícil mantenerte en un mundo de egos tan complicado en el que tus amigos amen más el símbolo que lo que representa, un mundo en el que prohíben sin prohibir, hay normas que no están escritas, todo está en el aire. Y de repente, te verás envuelto en una atmósfera jerárquica de perdedores que luchan por un poder que no existe, porque las personas que realmente tienen talento no necesitan respaldo, ni aprobación, ni mochilas. 

Una vez más triunfa la personalidad, el atreverse, rebelarse. Las personas poderosas no necesitan a nadie y los verdaderos amigos no necesitan un logotipo ni publicitar su amistad, en todo caso complicidad, comprensión y compañía desinteresada. Por eso, si quieres disfrutar de una mente sana y desenmascarar utopías, libérate de etiquetas y toma este consejo si lo quieres: No tengas "crew", ten amigos


martes, 9 de julio de 2013

¡No Te Dejes!

Nos dijeron que nuestro color era el rosa, nos vendieron el cuento de la frágil princesa prisionera en un torreón que aguardaba a que su hombre viniera a salvarla, y veinte años después ves como ese hombre intenta reproducir esa historia convencido de que es lo que hemos estado esperando toda la vida.

Desde mi soltería, apoyándome bien en experiencias pasadas o simplemente observando a otras parejas, he podido localizar al príncipe del cuento del siglo XXI, nuestro carismático y verborreico maltratador sutil, al que he decidido llamarle: EL NOVIO TUTOR

El novio tutor, bajo la excusa de que lo hace por tu bien, se impondrá como profesor sin que tú se lo pidas y te mostrará continuamente cómo debe comportarse una señorita. Para ello, no supondrá obstáculo alguno reprenderte en público y por si acaso se te ocurre sublevarte recurrirá al clásico por antonomasia del maltratador sutil: Hablar con desprecio de tus opiniones o decisiones como si tú estuvieras loca, llegando en muchas ocasiones a convencerte y convirtiéndote a corto y largo plazo en una persona insegura y dependiente. ¿Dependiente de quien? De él, ser divino que toma siempre la decisión correcta.
¿Qué cómo sabe él que siempre tiene la razón? Porque es un macho de raza blanca entre veinticinco y sesenta años y sus amigotes y el resto de la sociedad cobarde y sin personalidad no quiere enfrentarse a él, optan por darle palmaditas en la espalda, restándole importancia a su prepotente y cruel actitud y para que ello no destruya sus conciencias, si es que las tienen, fabricarán alguna estratagema mental para sobrevivir sin sentirse malas personas.

Amiga, no tienes que vestir de rosa, tampoco estás loca, ni tienes que mantener la compostura y agachar la cabeza para que él no se enfade. Lucha por ti, por tu intuición, por tu moral, por tu libertad, por todo lo que luchamos las mujeres día tras día para que se nos respete, y cuando un señor sabelotodo, sea tu pareja o cualquier otro macho respaldado por la manada se manifieste de nuevo con sus razonamientos de maestro liendre: NO TE DEJES


lunes, 27 de mayo de 2013

El Hombre del Noveno G

Serían las siete de la tarde cuando volviendo de un concierto local decidí hacer una parada en casa de mi amiga Candela. El inhóspito y silencioso portal de aquél edificio antiguo y sus interminables pasillos jamás se me antojaron como hogar y mucho menos después de lo acontecido aquél escalofriante domingo.

Ni un inofensivo rayo de luna se atrevió a penetrar entre las ranuras de aquellas persianas viejas. Saludé a mis amigas, más por intuición que por lo poco que me ofrecían aquellas siluetas en penumbra. Me acerqué con cautela y ahora sí pude ver el brillo de sus ojos abiertos como platos y clavados al televisor. Estaban viendo una película de miedo ignorantes de que aquél instante sólo era el prólogo de lo que se nos venía.

Esperé en silencio, ajena a un terror que invadía la estancia, pero pronto esa atmósfera de suspense se apoderó de mí y me impregnó de inquietud. Jugueteé con Vira, una simpática cachorra bretón, no sé si para disimular mi malestar o por si al fingir normalidad me pudiera deshacer de aquella sensación.

Repentinamente, la ficción se volvió realidad, frenéticos golpes al suelo se escucharon desde el piso de arriba, era el hombre del noveno G. No se supo que fue lo que le incomodó, aunque aquella reacción desmesurada, impropia de una persona en su sano juicio, nos llevó a pensar que más que de una queja se trataba de una trifulca familiar.

Acabó la película, olvidamos aquello durante un rato y salimos a tomar algo. Al volver, alguien había puesto pegamento en la cerradura. Candela se puso nerviosa, me propuso subir a hablar con el hombre del noveno G y a pesar de que aquella idea no me parecía ni productiva, ni segura no me negué a ello, no quería que mi amiga pensara que no estaba respaldada ante problemas, sin embargo, estaba convencida de que había sido él el autor de la fechoría. Me ofrecí como negociadora intentando autoconvencerme de que la misma persona que hacía un par de horas se comunicaba mediante desorbitados golpes iba a rendirse ante mi oratoria y a darnos las buenas noches.

Subí los escalones con el desánimo del que va al paredón, y al llegar al quicio de la puerta no dejé pasar ni un segundo hasta tocar al timbre, como para contagiar una tranquilidad que nunca estuvo. Escuchamos pasos, pasos rápidos, pasos que pisaban con la violencia del que nada teme. Escuché mi corazón, después el de mis amigas, ya estaba cerca. Ese hombre no quería abrir la puerta, quería arrancarla de cuajo, y aunque las bisagras no cedieron en su labor, con el impulso estampó el pomo desconchando parte de la pintura de aquella pared de gotelé y por fin vi a aquél hombre.

Tenía el torso al descubierto, el contraste entre el negro de su pelo y el rojo intenso de su piel le daba un aspecto casi diabólico, era obvia la gran ingesta de alcohol a la que se había sometido. Se tambaleó, a pesar de que el ángulo en su rostro le orientaba claramente hacia mí, sus pupilas apuntaban al infinito. Respiraba deprisa, con la ansiedad enfebrecida del que está a punto de hacer algo horrible, y a decir verdad,  a escasos centímetros de su domicilio nada le impedía arrojarme hacia aquél foso con un simple tirón de brazo. Las rodillas me temblaron, en décimas de segundo imaginé las más siniestras circunstancias y cuánto dolor cabría en esa cueva macabra. Justo antes de oírle gritar mi cuerpo retrocedió sin que yo se lo ordenara, se me durmieron las articulaciones. Hipnotizada por el pánico solo fui capaz de abrir la boca y decir entre dientes: “Vámonos”

De lo que aquél hombre gritó ni supe ni quise saber. Volví a mi casa estremecida, me tumbé en la cama colocando las mantas a modo de escudo, ni siquiera la intimidad de mi dormitorio me hizo sentir a salvo. Intenté conciliar el sueño sin éxito, miraba el móvil continuamente buscando de nuevo la normalidad, pero era inútil y yo sabía perfectamente lo que ocurría. Una imagen se imponía en mi mente de manera inexorable, eran aquellos ojos, aquella mirada enfermiza del hombre del noveno G.

Template by:

Free Blog Templates